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La trayectoria de Kiyoto Ota en México, activa desde 1972, representa una de las contribuciones más significativas de la diáspora artística contemporánea al paisaje escultórico del país. Su obra, influenciada por el pensamiento del grupo japonés Mono-Ha, pone en tensión los límites entre lo natural y lo industrial, entre lo duradero y lo frágil, revelando una sensibilidad estética que dialoga profundamente con los entornos urbanos y académicos en los que se ha insertado. Migrar, en el caso de Ota, no ha sido solo un desplazamiento geográfico, sino también una migración de lenguajes materiales y simbólicos: de la madera al plomo, de la piedra al vacío, de Japón a México. Su escultura La Mitología del Núcleo —una media esfera abstracta de plomo y fibra de vidrio, de superficie cóncava y líneas y puntos que forman figuras irregulares conectadas entre sí— descansa directamente sobre el piso, como si arraigara en el espacio que habita. Esta pieza no solo refleja su dominio técnico y su exploración de materiales maleables y vulnerables, sino también su visión crítica del espacio y del tiempo, vinculada a la experiencia de habitar un lugar como extranjero sin renunciar a su memoria cultural. En ese sentido, su obra encarna las posibilidades del arte como territorio de encuentro entre culturas, donde el artista migrante no se disuelve, sino que transforma activamente el entorno. Al insertarse en instituciones como la UNAM o en proyectos de arte público en distintas ciudades del mundo, Ota ha contribuido a enriquecer el debate sobre lo local y lo global, abriendo espacio a una reflexión profunda sobre la identidad en tránsito, la pertenencia y la condición efímera —pero transformadora— del arte que nace del movimiento.